“La provincia sostiene la estructura del empleo público como una herramienta indispensable”

El mundo está cambiando vertiginosa y profundamente, víctima de los acontecimientos que globalmente se suceden, y en el intento por imaginar un escenario futuro, cabe la posibilidad concreta de no encontrar respuestas a tantos interrogantes que se nos plantean.

La realidad ha superado la ficción. Esta pandemia, denominada Covid-19, modificó y modifica el status social y las condiciones económicas, sanitarias, financieras, productivas, laborales y familiares, solo por nombrar algunas de las variables más intensamente afectadas, de miles y miles de personas diariamente en el orbe.

Desde aquí proponemos una mirada integral sobre un territorio específico: el distrito de la Provincia de La Rioja, entendiendo que esta mirada nunca podrá ser profunda ni definitiva, ya que, para adentrarnos en las diversas problemáticas suscitadas, se requeriría de un espacio más amplio y una información más compleja. Aun así, pretendemos de alguna manera, aportar un enfoque que ayude a interpretar las distintas realidades que se revelan.

CAPITAL

Luego de las necesarias, atinadas y oportunas medidas dispuestas por el Gobierno Nacional y en consecuencia por las autonomías provinciales y municipales, otra forma de vida vino a instalarse en la comunidad riojana.

En nuestra provincia, la pandemia afecta de una manera muy singular las endebles economías regionales, las pymes y el trabajo no formal, motivando una fuerte y marcada presencia del Estado Provincial en pos de atender a todos los sectores económicos involucrados.

Hoy en la actualidad, la provincia sostiene la estructura del empleo público como una herramienta indispensable para el ejercicio del gobierno y el cumplimiento de las normas sanitarias y del nuevo orden impuesto por las circunstancias.

Los profesionales de la salud, auxiliares, agentes sanitarios y el personal de seguridad constituyen un factor humano de gran valor para el accionar diseñado.

Pero también el Estado Provincial brinda apoyo al sector productivo y comercial en función de las prioridades y disponibilidades, poniendo énfasis en lo sanitario por sobre lo económico.

Una fuerte presencia asistencial destinada a los estratos más vulnerables, busca minimizar o atenuar los efectos de la pandemia.

La transferencia de recursos acompaña una gran inversión en materia de salud pública a fin de enfrentar situaciones más complejas dadas por la pandemia, intensificando las tareas de prevención, control y ordenamiento comunitario, según los nuevos paradigmas ungidos por la coyuntura.

Los sectores industriales, las Pymes y los ligados a la cadena productiva sufren los embates de una crisis inigualable, postergando las expectativas concretas de crecimiento que hasta hace unos meses abrigaban.

El Covid-19 y sus efectos lacerantes, denotan el grado de complejidad de la situación: no hay gente en las calles, no trabajan los taxistas, remiseros, lustrabotas, canillitas, los que venden el café ambulante ni los panes de chipacas o tortitas como cada mañana de sus días.

El centro de la ciudad luce desierto. En la periferia solo algunos comercios autorizados pueden abrir y brindar servicios de alimentación o farmacia.

La industria está paralizada para una gran mayoría y la reconversión productiva trajo algún alivio solo para aquel empresario que mutó de producir autopartes o piezas textiles a fabricar barbijos y material sanitario.

INTERIOR

Nuestro interior provincial supone 2 escenarios muy distintos, cada uno con sus diversidades y problemáticas, destacándose la presencia de un “Interior Urbano”, conformado por las ciudades más importantes a nivel provincial y/o departamental y un “Interior Rural”, descrito como aquel que se erige desde la periferia urbana hasta lo profundo de cada departamento.

El Interior Urbano como tal, presenta problemáticas manifiestas que se replican en todos ellos. Para graficar la situación alcanzaría con ver lo que sucede en los barrios de las grandes ciudades para transpolar esa realidad y obtener una idea generalizada de lo que ocurre en las ciudades o localidades del interior de la provincia.

Es allí donde más se evidencian las dificultades que el COVID-19 trajo aparejadas.

Es en este contexto urbano donde el aislamiento social preventivo y obligatorio, resulta ser para muchos caótico.

Las limitaciones no son solo sociales, lo son también de índole comercial, laboral y productivo, con gran impacto en las economías domésticas. El comercio minorista, el cuentapropismo, los oficios, monotributistas, pequeñas Pymes y cooperativas, entre otros, sufren a diarios los efectos de un cambio sustancial en sus ingresos y en sus desarrollos comerciales. Pero esta es solo una arista, acaso solo un aspecto de una cuestión más difícil, ya que en lo social se afectan las interrelaciones, las instituciones, los servicios de salud y la educación misma, con implicancias aun difíciles de evaluar.

La faz sanitaria, sin dudas, la más importante de todas las razones que debemos preservar, también supuso la instalación de una atmósfera compleja: La lucha diaria contra un invasor invisible, el Coronavirus.

El temor, como reflejo humano, denota las debilidades en las que estamos insertos. Las   medidas preventivas sacuden la cotidianeidad de las personas, generando una especie de pánico que resulta a veces, no menos que peligroso.

No salir, no trabajar, aislarse, no generar, lavarse las manos, el alcohol en gel, el tapabocas, los guates de látex, el barbijo, el contagio, los síntomas, mantener distancias, respetar los días de salida y sus horarios, son términos incorporados a nuestro diario convivir y pasan a formar parte de una rutina a la que no estábamos acostumbrados, ni pobres ni ricos, ni jóvenes ni adultos, ni profesionales o simples trabajadores. Todos en una misma burbuja, la de la supervivencia.

Las medidas sanitarias dispuesta por la Nación encuentran eco en el seno de nuestra provincia y las autoridades gubernamentales adoptan los criterios acordes a las recomendaciones que cada territorio supone. Se asiste de manera sanitaria y financiera a cada municipio para que puedan contrarrestar los efectos y minimizar los riesgos, de modo que la propagación sea lo más lenta posible y en el mejor de los casos anularla.

El interior provincial de La Rioja registra muy pocos casos comparativamente con lo que sucede en la capital riojana, (2% Interior contra 98% de capital) lo cual no significa que los efectos provocados por la pandemia, aun sin transmisión en esos distritos, sean de menor cuantía. La crisis se ve, se palpa y avizora como una consecuencia directa que profundiza el momento de dificultades que los argentinos y riojanos particularmente vienen transitando.

El Interior Rural palpita la crisis y la sufre: no hay tránsito, no hay alimentos. A la falta de pastura se suma el faltante de alimentos para animales de granja o de planteles productivos. No se consigue maíz, alfalfa, sorgo entre tantos otros insumos productivos.

La escasez de alimentos preocupa porque tampoco hay provisión de mercaderías para los negocios rurales, nadie llega a proveerlos, ni ellos pueden salir a las ciudades a buscar esos productos.

Las escuelas rurales paradas en el tiempo desde hace semanas, develan otro problema alimentario: muchos niños tienen su ración diaria de alimentos gracias a los comedores escolares. Hoy en día muchos de esos niños sufren y padecen esa falta de ración diaria que el comedor escolar les aseguraba.

La situación es preocupante por donde se la mire y las autoridades así lo entienden, esperando que todo esto pase lo más pronto posible para que cada familia pueda retomar su vida normalmente.

No será fácil ni sencillo. El mundo está cambiando, vertiginosa y profundamente.

Por Danilo Flores, diputado nacional, para El País Digital