Paredes Urquiza: La devaluación empobrece más

En estos días de pandemia, pareciera pasar desapercibido uno de los temas más recurrentes y agobiantes que toda nuestra generación ha vivido de modo permanente, una nueva escalada de devaluación de nuestra moneda.

Pero está claro que aunque el tema está escondido o no es una tendencia en las redes, impactará fuertemente en nuestras economías, nacional y doméstica.

Y el impacto será negativo, por más que avezados economistas y analistas políticos, sociales y de todas mentas quieran hacernos creer, desde hace muchas décadas, que la manipulación de la política cambiaria, en cuanto expresión moderna de soberanía nacional, es una herramienta tendiente a garantizar la fortaleza de la moneda, en términos de competitividad de la economía del país.

Me permito cuestionar seriamente este paradigma, de extensión universal por estos tiempos, al menos para que los argentinos podamos entablar una discusión profunda sobre el tema. Desde mi punto de vista, la devaluación de su moneda no hace a un país más competitivo, lo hace más pobre.

Lo que necesitamos, para ser competitivos, es mayor EFICIENCIA. Y el compromiso político, empresarial, sindical y social, de caminar hacia ella.

La eficiencia es una virtud que debe ser trabajada, no es innata para los humanos. Requiere toma de consciencia, esfuerzo y perseverancia.

Para lograrla a nivel individual, necesita la decisión personal firme; y para lograrla a nivel colectivo, demanda de decisiones políticas bien fundamentadas, legitimadas en los consensos mayoritarios, y que se mantengan en el tiempo, convertidas en políticas de Estado.

Si los argentinos decidimos alguna vez (ojalá sea pronto) ser más eficientes en nuestro quehacer diario nacional, debemos saber que habrá que remover muchas estanterías, vencer prejuicios, olvidar discusiones inconducentes y repetitivas, y saber que debemos mantenernos en esa línea de trabajo colectivo, sea cual fuere el gobierno de turno, por mucho tiempo.

-EFICIENCIA-

  • MAYOR CAPACIDAD DE TRABAJO (+ esfuerzo)
  • MEJOR CAPACITACION (+ inversión en formación de recursos humanos)
  • REDUCIR LA BRECHA TECNOLÓGICA (+ incorporación de tecnología a los procesos de producción y + inversión en Investigación, Innovación y Desarrollo)
  • SISTEMA IMPOSITIVO ESTIMULADOR DE LA INVERSIÓN (equidad tributaria entre regiones)
  • LEYES LABORALES MAS FLEXIBLES
  • CAPACIDAD DE FINANCIAMIENTO DE LA INVERSIÓN CON AHORRO NACIONAL

Cada uno de estos puntos requiere una amplia discusión y fundamentación, está claro. Como que seguramente hay más puntos a incorporar.

Pero también está claro que estos tiempos que corren, por más difíciles que parezcan, son una clara oportunidad para la toma de decisiones que cambien el rumbo de la historia de nuestro país.

Es ahora o quien sabe cuándo. Si no, qué cambiará entonces? O qué hecatombe tiene que suceder para que cambie esta historia de crisis permanente, falta de producción, devaluaciones empobrecedoras, escasez laboral, sueldos raquíticos de los sectores públicos provinciales (al menos en Provincias como la nuestra)?


En Argentina, las devaluaciones han sido una historia constante. Los más jóvenes pueden buscar en internet el monólogo 2.000 de Tato Bores, un eximio humorista político del siglo pasado, y cuando vean el vídeo pensarán que lo hizo hace un par de semanas, o de meses, pero es del siglo pasado, y la historia sigue igual! Qué logramos entonces con las devaluaciones?

Sí hay un resultado claro, que contradice ferozmente las proclamas populares de quienes las instrumentan últimamente: una fenomenal concentración de riqueza en los sectores exportadores del país (que son una ínfima minoría de los productores argentinos), que hace que la verdadera brecha, o la verdadera grieta, sea más profunda: en Argentina hay gente cada vez más rica, y gente cada vez más pobre.

Y de un lado y del otro creemos que la discusión política y las diferencias entre “peronistas” y “neo liberales” es el origen y esencia de la cuestión.

La realidad es que hay peronistas inmensamente ricos, y otros muy pobres; y hay gorilas que lo son de pensamiento, pero no de bolsillo. No pasa por ahí la cosa.

Pasa, a mi humilde entender, por empezar a pensar seriamente en herramientas concretas que nos lleven a moldear un país nuevo. Y este es un momento propicio.

El homenaje que podremos hacerle a las víctimas de la pandemia, es un intento real de cambio. Que sus muertes no hayan sido en vano.

Por Alberto Paredes Urquiza, ex intendente de La Rioja

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