Zulema Menem: “La vida como derecho”

Zulema Menem, hija del dos veces presidente de la Nación y actual Senador Nacional, Carlos Menem, no permanece ajena a la difícil coyuntura que atraviesan el mundo entero y la Argentina debido a la pandemia de coronavirus. “Zulemita” tomó protagonismo en el tema con una columna publicada por Infobae.

Dijo Zulema Menem: “”Las situaciones extraordinarias ponen a las personas frente a sentimientos y sensaciones diferentes a las acostumbradas y cotidianas. La pandemia que nos afecta es, sin dudas, una de esas situaciones.”

“Si algo bueno podemos rescatar de este drama de época, es que el mundo entero ha reflexionado sobre el derecho a la vida; lo hizo cuando supo que muchos médicos en distintas latitudes pasaban por el horrible momento de decidir a cuáles enfermos les daban la oportunidad de vivir y a cuáles no, puesto que no había equipamiento hospitalario para todos”, dijo la hija del ex presidente Menem.

“Nos horrorizamos cuando vimos en los medios al personal de salud quebrado psíquica y moralmente sintiendo el peso de una culpa que no tenía, y rogamos que no nos tocara pasar por tan triste momento. No contar con los elementos para atenuar el sufrimiento humano y no salvar una vida que puede salvarse es claramente una afrenta inadmisible al derecho a la vida; sin embargo, estamos transcurriendo este drama sanitario generalizado, con temor y dolor ante tantas víctimas.”

En el mismo sentido, sigue Zulema Menem: “El género humano viene recorriendo un camino ético que permite ver la toma de conciencia de, al menos, dos asuntos fundamentales que requieren respeto y atención: los derechos humanos y la defensa de la naturaleza y el medio ambiente.”

“Si hablamos de derechos humanos podemos elaborar una larga lista, pero es inexorable que el derecho a la vida figure a la cabeza de cualquier enumeración; ello, simplemente porque sin vida es imposible el ejercicio de ningún otro. De allí para abajo, pueden darse listados más o menos inclusivos, según la mirada de diferentes culturas o legislaciones, aunque tales derechos son incuestionablemente universales; como también, y especialmente, los derechos de los niños.”

Y siguió: “La gran paradoja de estos tiempos, cuando se manifiesta tanta preocupación por el avance del COVID-19, sus consecuencias y las carencias que muestra nuestro sistema de salud pública, es que se escuchen muchas voces promoviendo el aborto como un derecho de la mujer, desatendiendo tanto el sentido común como la legislación de base de nuestro país. Los argumentos giran alrededor del derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo, sin tener en cuenta que el niño por nacer sólo necesita del cuerpo de su madre de modo circunstancial por unos pocos meses. Cuando la ciencia puede mostrar acabadamente cómo sucede el origen de la vida y la evolución en el útero materno, no deja de sorprenderme que se construyan argumentos alrededor de la existencia o no de vida en el embrión, siendo que cada uno de nosotros claramente ha sido eso en su comienzo.”

“Manifestar esta idea no significa ignorar que suceden en la sociedad situaciones desgraciadas a muchas mujeres que atraviesan por la circunstancia de llevar un hijo no deseado. Estas mujeres no deben ser libradas a su suerte, merecen la protección del Estado y el auxilio de la sociedad civil. El Estado debe proveer una legislación para la protección y asistencia de la madre y el niño, para asegurarles un futuro y para facilitar una adopción controlada de resultar necesario. Ninguna mujer debe estar obligada a hacerse cargo de un hijo que no puede o no quiere criar; lo cual no significa que el niño no tenga derecho a la vida; él es sin dudar inocente de todo error o culpa. Por otra parte, la sociedad organiza diversas formas de asistencia y ayuda solidaria que ya conocemos, y que, aunque insuficientes, nos permiten entender que son muchos los recursos humanos que con gusto se pondrían a disposición de un trabajo coordinado y eficaz, para atender a madre e hijo.”

Así mismo, remarcó en su columna Zulema Menem: “No puedo dejar de mencionar la importancia de que la educación de nuestros hijos asegure que sean formados en el respeto de la vida como pilar fundamental del ejercicio de los derechos humanos, y que, por lo tanto, no se difunda desde las aulas el aborto como un derecho, sino que se les enseñe a defender la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural, como una manera de estimular su responsabilidad como individuos y ciudadanos, en fin, como miembros de la sociedad de la que son parte.”

Finalmente, sostuvo: “Con tantos y tantos tristes ejemplos de exterminio que acompañan la historia de la humanidad hasta nuestros días, no parece admisible, en pleno siglo XXI, concederle a alguien la posibilidad de decidir quién tiene derecho a venir al mundo y quiénes no podrán siquiera acceder a la propia vida.”

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