Saturó el sistema de salud con el 0,2% de los riojanos enfermos

611 casos activos de COVID-19 representa el 0,2% de la población de la provincia de La Rioja. Esa situación llevó a saturar el sistema de salud, según declaró el Gobierno, que provocó que La Rioja esté en la primera fase de la pandemia.

Los números fueron brindados en el parte diario del Ministerio de Salud abre la discusión qué se hicieron con los dineros públicos, no tan solo de ésta administración gubernamental sino de las otras.

Para que veamos la gravedad de la situación es que Chamical, un pequeño poblado de 20 mil habitantes, tiene los mismos casos que la provincia de Catamarca, que previamente había inaugurado un nuevo centro de salud para atender los casos de COVID-19, a través de una inversión de $45 millones.

La provincia tuvo que echar mano a la obra sanitaria del desaparecido rector de la Universidad Nacional de La Rioja, Enrique Tello Roldán.

Asociado políticamente con el gobernador Ricardo Quintela, el titular de la Casa de Altos Estudios, Fabián Calderón, cedió el hospital Virgen de Fátima para que sea nuestro centro COVID-19.

Por ello, la provincia depositó recursos en el nosocomio universitario, cuyas cuentas son controladas por un contador de confianza de Quintela.

A su vez, la provincia levantó unas carpas en el hospital Enrique Vera Barros para preparse por lo que se venía, que es lo que hoy vivimos en la provincia.

Y de allí en más no hubo ninguna otra inversión estatal para que 611 casos activos de COVID-19 pongan en riesgo el sistema sanitario provincial.

El gobernador Ricardo Quintela aseguró ayer que su gobierno destinó $2.000 millones para contrarrestar las penurias de la pandemia, pero lo enumerado no demuestra que ese dinero estatal esté en algún lugar.

Quizás Quintela quiera sumar los subsidios otorgados a los sectores más vulnerables, aunque el gobierno nacional asiste a La Rioja en todos los aspectos.

Como nunca llegaron tanto dinero fresco: hasta julio ingresaron casi $30.000 millones con una provincia que no actualizó los salarios públicos, a pesar que el secretario de la Gobernación, Armando Molina, dijo que el anuncio sería ayer, 17 de agosto.

Con el 0,2% de la población con COVID-19 se tuvo que volver a la fase más restrictiva, ya que el gobernador buscó a los representantes de la justicia para anunciarla, y además ordenó que la policía solicite el DNI a todo aquel que circula por la ciudad y Chamical respectivamente, los dos departamentos más complicados.

Como ya se dijo, la inversión en salud nunca estuvo en la agenda del peronismo gobernante, ya que desde el 10 de diciembre hasta la fecha los negocios ganaron lugar en el gobierno, a través de la compra de $25 millones de plantines, $100 millones en tractores y otras maquinarias, más de $1.000 millones para la construcción del Parque de la Familia, casi $1.000 millones para el armado de la empresa Rioja Bus SAPEM, entre otras erogaciones.

No hay que olvidar que todos los complejos hoteleros -en sus distintas caras- fueron contratados por el Estado, al tiempo que se construye un complejo acuático por más de $60 millones.

Hasta fin de mes, La Rioja estará en un aislamiento completo que lo puso sobre la mesa el mismísimo presidente Alberto Fernández el pasado viernes y el gobernador lo ratificó ayer en la Residencia Oficial.

Mientras el sistema sanitario se saturó, en el gobierno nadie presenta su renuncia para contrarrestar las críticas de la sociedad a la figura del primer mandatario.

Existe un buen porcentaje de responsabilidad de los ciudadanos por el crecimiento preocupante de los casos, pero también del Estado que desde cuando comenzó la pandemia no destinó los fondos necesarios para que La Rioja no se encamine a ser la otra Jujuy.

El gobierno creyó que con las camperas rojas y la señalización de las zonas con mayor circulación de personas se podría atender a la pandemia. Por allí sirvió para marketing oficial, pero nunca para que no haya camas en las terapias, que es el temor de todos.

Nuestras miradas están en la capital, sin embargo el virus gana espacio en el interior profundo, fundamentalmente en los Llanos que está desprovisto de todo. Por eso, el silencio de la clase política que critica por debajo, pero no hace público que nunca hubo inversiones concretas en el sistema de salud.

Hoy estamos parados en la incertidumbre y con el descreimiento social hacia las autoridades porque ellos mismos fueron violadores seriales de la cuarentena.

Este es el momento para dejar de gastar el dinero de todos en cuestiones que no salvan vidas, es tiempo que la salud sea prioridad del gobierno, que tiene los mismos funcionarios de hace dos décadas y es el mismo signo político desde 1983.

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