Los fracasos se pagan con los cargos

El director del hospital Virgen de Fátima de la Universidad Nacional de La Rioja, Daniel Quiroga, dijo que el nosocomio universitario “está saturado”. Así se abrió la mañana del miércoles en La Rioja frente al fracaso del sistema sanitario provincial.

Quiroga lo habló de una institución médica que había sido creada por el ex rector de la UNLaR, Enrique Tello Roldán, que hoy sirve para salvar vida ante el rebrote del COVID-19 en la provincia.

El director del hospital de Clínicas describe la gravísima situación sanitaria, mientras que su par del hospital Enrique Vera Barros, Sebastián Parisi, habla en agosto que “hay que organizarse”.

Al respecto, Parisi entendió que “es mucho el trabajo que se hace, hay muchos pacientes que se internan y si el hisopado da negativo podemos trasladarlo al sector privado”.

La Rioja está en Modo Pandemia desde marzo y fue casi nula la inversión sanitaria que se hizo frente a los $30.000 millones que llegaron en efectivo desde la Nación, además de los recursos extracoparticipables y los creados por la pandemia.

No fuimos capaces de preparar el sistema para que la provincia no dependa de un hospital universitario y no se haya planificado una contraofensiva para que hoy no se hable de que “estamos saturados”.

La lógica indica que las políticas públicas se aplican de acuerdo al momento que se vive: hoy debería haber sido en el Ministerio de Salud, que conduce Juan Carlos Vergara y su equipo, que es el mismo que fracasó cuando cumplieron las mismas funciones en el gobierno de Luis Beder Herrera.

La soberbia del poder nos lleva a prender velas para que no haya muertes y además que no se enfermen más riojanos porque no tenemos camas, como dijo la intendenta arauqueña Virginia López. Se priorizaron otras cuestiones, como tractores, plantines, camionetas, y se dejó de lado lo primordial: la salud.

Hoy con el agua en el cuello nos damos cuenta de que debemos comprar elementos sanitarios, aunque la Nación haya enviado toneladas de insumos.

Nunca se le dio importancia al sistema de salud desde el mismo momento que se precarizó a todo el sector y hasta que no se habla con ellos, solo se les tira un bono en forma de compensación.

El presidente Alberto Fernández tras la videoconferencia de ayer decidió que una delegación del Ministerio de Salud desembarque en La Rioja, con el fin de diagramar una política rápida como ya había sucedido en Jujuy.

El fin de semana, el gobernador entregaba plantas de frutales como haciéndose el desatendido de la pandemia o como dicen sus asesores, para que se muestren activos mediante políticas públicas o de gestión.

Cada uno de esos pasos han sido un balde de agua fría a toda la sociedad que no puede atenderse por otra enfermedad en el sistema sanitario.

Horas atrás, tres ambulancias esperaban en la puerta del hospital con enfermos para que sean atendidos, ya que el sistema “está saturado”.

La clase política riojana desde siempre cree que con sus silencios puede salir de cada conflicto. Sin embargo, el COVID-19 mata.

Frente al tristísimo panorama, los fracasos se pagan con los cargos, ya que seguimos con la creencia que con la pandemia se puede hacer política cuando mueren riojanos.

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